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Qué dicen las primeras encuestas sobre el resultado del debate presidencial

El acto estuvo polarizado entre Mauricio Macri y Alberto Fernández con chicanas y acusaciones. ¿Cómo vieron los sondeos su desempeño?

Quién ganó el debate presidencial? es la gran incógnita que dejó el acto de este domingo en la sede del Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral de Santa Fe. Según adelantaron los primeros sondeos privados, el candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández, fue el que presentó una mejor performance, mientras el presidente Mauricio Macri se mostró «nervioso» y con un «desempeño mediocre», según opinaron los especialistas.

El estudio de opinión pública difundido por Raúl Aragón & Asociados fue el único que se animó a presentar números respecto a un supuesto ganador del debate. Con el 43,1%, de 1.500 casos efectivos del sondeo, Alberto Fernández se consagró como triunfador por encima del Presidente, quien cosechó el 34,2%. Con el 4,1% se posiciona Roberto Lavagna, 3,3% Nicolás del Caño, 3,1 José Luis Espert, y por último aparece José Gómez Centurión con el 1,1%.

Lo que el debate nos dejó: opiniones y valoraciones en torno al primer debate presidencial
Federico González
Más allá de las limitaciones —acaso opresivas— inherentes al formato previamente
consensuado, lo cierto es que el debate permitió su función básica, esto es: aumentar la
visibilidad pública y el ideario de los candidatos.
Ciertamente, el formato desnaturalizó la lógica misma del debate en tanto argumentación y
confrontación de ideas. Pero tal limitación no impidió que cada candidato pudiera expresar sus
definiciones políticas, propuestas y valores.
Luego de realizado el debate se imponen, casi de modo axiomático, dos preguntas recurrentes:
¿Quién ganó? ¿Puede el debate cambiar el voto o apenas sirve para consolidar la decisión
previa?
En estas líneas se esbozará una respuesta a lo primero. Para lo segundo, en cambio,
quedaremos a la espera del resultado de un sondeo de opinión ya en curso.
A continuación, se presenta una breve síntesis descriptiva y valorativa sobre el desempeño de
cada candidato.
Mauricio Macri
Dado que el análisis político lo había ya sentenciado augurando una especie de escarnio
público ante la sombra de promesas incumplidas en 2015, quizás —y por contraste— el
desempeño más bien mediocre del Presidente pasó desapercibido.
Porque, más allá de debilidades o aciertos puntales, Mauricio Macri no pudo perforar su
propia zona de confort. Extraña paradoja para un candidato que declama aspirar al desafiante
logro de dar vuelta la elección.
A nivel actitudinal se lo vio firme y seguro en la expresión de sus convicciones. Exhibiendo por
momentos cierta veta pasional. Aunque no pudo desprenderse de su propensión al
esloganismo vacuo y al vicio de la sentencia acrítica declamada con cara de póker.
A nivel del contenido, algunas de sus afirmaciones fueron acaso verosímiles, aunque la
mayoría resultó dudosa y/o negadora de lo obvio. Esa mixtura entre lo verosímil y lo falso
dejaron una impronta de desempeño gris. Con sabor a poco.
Alberto Fernández
Fue quien mostró mayor aplomo y presencia. Asumió permanentemente el rol de quien toma
la iniciativa y maneja la escena. Se lo vio firme y seguro. Reveló astucia y rapidez mental al
replicar en tiempo real las afirmaciones de Mauricio Macri. Abundó en respuestas concisas e
inteligentes. Junto a José Luis Espert quizás fue quién mejor asumió algo parecido a la lógica
argumental confrontativa, típica de un debate. Junto a Mauricio Macri fue quien evidenció
mayor pasionalidad política, aunque quizás —por momentos— se tornó algo excesivo, dando
lugar a la réplica de Macri.

A nivel del contenido pudo presentar un mix que incluyó definiciones políticas y proyectos con
razonable nivel de detalle. En su discurso prevalecieron los conceptos respecto del
esloganismo.
Roberto Lavagna
Fiel a su estilo e impronta intelectual realizó algunos desarrollos plenos de conceptos, aunque
utilizando un tono monocorde que opacó sus ideas.
En términos de densidad conceptual su desempeño se acercó al de Alberto Fernández.
Su referencia al tema del hambre en tanto violación a los derechos humanos representó su
mejor momento.
Aunque su intervención en el bloque de economía estuvo por debajo de lo que su saber e
historial hacían prever. Paradójicamente, esa fue su principal debilidad.
José Luis Espert
Su presencia y aplomó fueron similares a los exhibidos por Alberto Fernández. Se lo vio firme,
seguro, dominando la escena y muy natural. Quizás fue el candidato que pareció expresarse
con mayor naturalidad. Su mayor virtud fue la expresión de ideas complejas de modo simple.
A nivel de contenido sus ideas aparecieron fundadas. Aunque en algunos pasajes quizás pecó
de una especie de simplismo disruptivo.
Nicolás del Caño
Fiel a su estilo expresó su ideario con firmeza, argumentos y convicción. Asumió mejor que
otros el rol de candidato anti grieta y anti establishment.
Se mostró también seguro y sereno.
A nivel de contenido expresó claramente la crítica ideológica con la lógica argumentativa típica
de un dirigente de izquierda.
Su apelación a elementos simbólicos como el minuto de silencio por los muertos en Ecuador y
el pañuelo verde fueron acaso excesivos y desvirtuaron la naturalidad de su discurso.
Juan José Gómez Centurión
Expresó sus ideas con gran firmeza.
Fue el candidato que evidenció un posicionamiento más definido en torno a un eje: el de los
valores y la defensa de las dos vidas. También enfatizo la defensa de la soberanía nacional.
Asimismo fue quien mejor intentó conceptualizar la grieta en términos alternativos, a saber:
entre quienes defienden las dos vidas y el resto, etc.
Manejó mal los tiempos. Y en algunos pasajes fue literalmente reiterativo. Esto le restó valor a
su actuación.

¿Quién ganó el debate?

Considerando el conjunto de los aspectos evaluados, Alberto Fernández resultó un claro
ganador del debate.
Tal vez las expectativas asociadas con la gran diferencia electoral proyectaron un imaginario de
triunfo aplastante, cuya intensidad no se verificó.
Pero eso no invalida el resultado.
Reflexión final
En el marco del análisis político mucho se especuló en torno a cuestiones abstractas como si
tal o cual candidato le hablaría solo a sus propios votantes, si saldría a confrontar o esquivaría
adentrase en tal cual tema, etc. Sin duda, cuestiones tan atendibles como especulativas.
Aquí, en cambio, preferimos concluir con una sentencia simple, aunque no menos conjetural y
arbitraria: a veces la política y la ideología son básicamente expresiones de la personalidad.
Quizás allí se encuentra la clave de esta primera victoria discursiva de Alberto Fernández.

Fuente / Diario Perfil

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