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GALLARDO, LA LEYENDA CONTINUA

Marcelo Gallardo suele jugar con el corazón de los hinchas de River cada fin de año. Lo que él considera «natural», ese espacio de introspección para evaluar el estado de su energía -el nivel de carga que lo sostiene en uno de los puestos que más la consumen- lleva un tiempo más que entendible pero que a su vez no corre en paralelo con la ansiedad de los medios. Y eso transmite incertidumbre. ¿Cómo asimilar que ese hombre al que alguien le asignó categoría de emperador pero que ya tiene estatura de dios pueda irse? Porque Gallardo a esta altura es eso, un dios que le ha dado tanto al club que se le perdona todo, incluso un par de cambios pifiados en un momento inconveniente, decisivo.

Finalmente, la incertidumbre concluyó ayer, cuando Gallardo quiso y no cuando se lo pedían los periodistas, y la continuidad anunciada es absolutamente lógica. Fundamentalmente, más allá de su contrato hasta fines de 2021, por su condición de animal ultra competitivo, que quedó una vez más a la luz en una frase perdida en medio de la conferencia. Fue cuando mencionó la angustia que sintió luego de la derrota frente a San Lorenzo que precedió a celebración del 9 de diciembre. Era una derrota importante, que probablemente no estuviera en los planes, pero nada grave. Y sin embargo Gallardo habló de angustia. De la necesidad de cambiar el chip. De los cantitos junto a la hinchada como una forma de liberarse y de corresponder a la fiesta que todo el planeta River había ido a celebrar a un Monumental que estaba repleto por eso y no por el partido en cuestión. No cuesta nada, entonces, imaginar el dolor inmenso que debió haber sentido hace unos días, luego de perder esa final que se le escurrió en tres minutos fatales cuando se preparaban los festejos.

¿Era lógico que Gallardo se fuera en estas condiciones? Definitivamente no. Habría sido mucho más esperable su salida en diciembre pasado, luego del título más importante de la historia del club. No ahora, que tiene el espíritu alimentando por la sed de revancha y también por otras razones: la Superliga, por caso, terrenal y cercana como nunca, de la cual podría ser puntero si le gana a Independiente el partido postergado. Ese torneo local es una cuenta pendiente de su gestión. El otro alimento es, como siempre, Boca. Un Boca en estado de transición que comienza una reconstrucción futbolística de la mano de Riquelme. ¿Cuánto lo movilizará al Muñeco estar frente a frente -aun en funciones distintas- con el máximo ídolo de la historia de Boca?

Sea por lo que fuere, por todas estas razones o sólo por algunas, Gallardo sigue al menos hasta junio -habló de arrancar el 2020, no fue más allá- y el pueblo de River está feliz. Es un nuevo regalo de Navidad, aunque alguno espere el bonus de la Copa Argentina que garantiza el ingreso directo a la Libertadores. A su tiempo, con sus condiciones, con la espalda enorme de saberse intocable, el técnico más importante de la historia del club confirmó que la leyenda continúa.

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