Política

CÓMO NO FESTEJAR!!!

«Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo»

SIGMUND FREUD

 

A pocas horas de la victoria, en los comicios del 27 de octubre pasado, del Frente de Todos, surgen algunos interrogantes, que solo sirven para tratar de entender los motivos que llevaron a Juntos por el Cambio a obtener el 40% de votos. Falta aún el escrutinio definitivo al momento de escribir esta nota y se están analizando algunas situaciones que llevan a sospechar del correcto funcionamiento de la empresa Smarmatic, contratada por el gobierno nacional para llevar adelante buena parte del proceso electoral.

Como si fuera una manera de graficar la grieta fogoneada desde distintos sectores, el país quedó marcado por un cinturón amarillo PRO, que se asemeja a el color de los cereales que son producidos en buena parte de ese territorio y que el psicólogo y periodista Néstor Piccone analiza en una nota titulada “La Bolsa de cereales celebra el triunfo. . .” y que recomiendo leer. Es indudable que ese sector votante del proyecto encabezado por Mauricio Macri se vio favorecido por las políticas de eliminación de los aranceles y posibilidades de exportación sin límites y otra batería de medidas que permitieron a los agronegociadores incrementar la superficie de cultivo y por ende las ganancias obtenidas. A este descalabro que permitió que el precio del kilo de pan tuviese el mismo valor que en una panadería europea y fuera uno más de los productos de la canasta básica argentina que se cotizaba a valor dólar, desaparecieron los controles sobre el uso de agrotóxicos usados para la fumigación y control de plagas que los productores usan sin discriminar sobre a quienes caen esas gotitas asesinas.

En la provincia de Mendoza, esa política de fronteras abiertas permitió que las grandes corporaciones vitivinícolas pudieran importar vinos a granel desde Chile, envasar etiquetar y volver a exportar, teniendo ganancias importantes y dejando a los pequeños productores al borde del abismo.

Cómo se entiende entonces que: buena parte de estos productores, que los peones rurales que no vieron derramar una sola gota de riqueza de las altas copas de los grandes cerealeros, que buena parte de los maestros mendocinos, víctimas de un ítem aula que descuenta el día de ausentismo, aún estando enfermo el docente y sin discriminar siquiera a pacientes con serias dolencias, que buena parte de los jubilados que vieran desaparecer los beneficios obtenidos durante el último gobierno nacional y popular, que los miles de obreros que perdieron sus trabajos en la otrora pujante Córdoba o que los ilustres progresistas de Santa Fe hallan votado un proyecto que ha llevado al país casi al borde del siglo XIX.

Los motivos son policausales y difícilmente se los pueda encerrar en un laboratorio para poder estudiarlos; desde esta columna se abona fuertemente que el uso de los medios de comunicación y las redes sociales fueron los catalizadores perfectos para un profundo rechazo al peronismo y a cualquier política que tuviese un pequeño tinte al, llamado de manera descalificadora, populismo. Se puede entender y hasta justificar que ese sector de la población que tiene intereses comunes con los CEOGobernantes eligieran sin dudar la continuidad de un estilo de

conducir al país que está más cerca de las formas en que habitualmente manejan a sus empresas y a sus empleados, desconociendo por completo el rol del estado, salvo el que consideran como impulsor de sus negocios. Ahora esa “masa” de votantes cambiemitas están lejos de ser los más de diez millones de personas que arrojaron las últimas elecciones. A ellos a los dueños de la riqueza del país se le acoplaron muchos, seguramente demasiados, asalariados, empleados públicos, jubilados, trabajadores independientes y siguen las firmas, que ayudados por una campaña de convencimiento, exacerbaron su resquemor hacia el peronismo.

Es notable escuchar los audios que, elaborados en las granjas trolls aún activas, circulan por las redes sociales y en donde se da como una clara victoria electoral el desempeño de Mauricio Macri; que lo deja en una oposición con una numerosa cantidad de diputados y senadores que están dispuestos a entorpecer todo lo posible la gestión de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner. Ellos, los integrantes de la actual alianza gobernante no creen en la facilitación de la tarea de gestión a los opositores y Mauricio Macri dijo claramente en su cándido de discurso de aceptación de la derrota que era, a partir de ahora su tarea la de controlar todo lo mucho que habían logrado en los 4 años de gobierno. Es seguro que el establishmen pondrá todos los obstáculos posibles en la tarea de reconstrucción nacional, son depredadores de profesión y angurrientos por genética, y la oposición, ahora en manos de sus gendarmes se encargará de custodiar sus “logros”.

La tarea no es fácil y como es lógico al equipo de gobierno que encabeza Alberto Fernández le esperan tareas ciclópeas en un país desvastado por los cultores del individualismo comercial, acompañados por miles de compatriotas que están a la sombra del peor y más inteligente dispositivo para el manejo de la noticia que este país ha tenido; pero es deseable también que no se pierda de vista la estratégica tarea de la comunicación, una comunicación que se tiene que apoyar en el federalismo, en la pluralidad de voces y en la generación de contenidos y mensajes que le permitan a la sociedad a saltar la muralla informativa y que pueda empezar a distinguir entre los sonidos armónicos de las noticias y los ruidos ensordecedores de las corporaciones dueñas de medios.

El país necesita de la música, de la alegría, de la solidaridad, de la empatía con el otro para poder festejar el retorno a un camino que no debería haber abandonado nunca.

Sergio Peralta

Docente/Periodista

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